¿Cuándo fue la última vez que tomaste un café con quien diseñó tu silla de la oficina? ¿Y unas cervezas con el tipo que hizo el boceto de tu portátil? ¿O picaste algo con el equipo que fabricó tu cuchillo de cocina favorito? Los grandes diseñadores industriales son invisibles, se ponen al servicio del objeto. Como consumidores no se espera de nosotros que miremos detrás de una cortina y echemos un vistazo al mago que trabaja febrilmente con sus palancas, tampoco que observemos la humanidad de estas personas (aún menos que les mostremos nuestro reconocimiento), ni las cosas que los hacen parecer de carne y hueso, lo intangible que trasciende a los objetos que presentan ni las cualidades que los hacen ser como nosotros.
Gert Hildebrand es un diseñador industrial, de hecho es el diseñador jefe de MINI, y quiere compartir algo muy especial con la comunidad de MINI Space:
"Estaba en Outside Grand Junction, Colorado, comiendo un fabuloso entrecot medio hecho con una guarnición de judías verdes acompañado de un fantástico tinto californiano de Napa y una bandeja de ostras... locales de las Rocky Mountains en Colorado, ¿sí?"
Colorado, el Estado de las Rocky Mountains, no tiene acceso al mar. Así que os preguntaréis, cómo es posible que comiese ostras "locales".
Hildebrand os lo contaría con gusto, pero seguramente perderíais el apetito. Basta con decir que las encontró "muy interesantes".
Esta es una de las últimas anécdotas que el diseñador gurú de MINI recoge de su primera semana en el rally de MINI toma los EE.UU. que finalizó el 15 de agosto. Hildebrand y cientos de seguidores de MINI de la Costa Oeste viajaron durante ocho días desde San Francisco, pasando por Los Ángeles, Phoenix, Las Vegas, Salt Lake City y Bonneville Salt Flats, antes de cruzar las Rockies de ostras despistadas hasta Denver, donde habían quedado con sus colegas motorizados del Noroeste del Pacífico, Noreste, Sudeste y Medio Oeste.
Hidebrand supo desde el principio en San Francisco, que su viaje iba a ser especial por dos motivos: por un lado por la fantástica compañía y por el otro, por los paisajes en las distintas estaciones. "Desde el principio fue como si todos nos conociésemos desde hacía tiempo. Fue muy interesante ver esta mezcla de personas y sus coches."
Hildebrand no es ningún principiante en la cultura rally de Mini En Alemania, su país natal, ya participó en lo que él llama los "old timer rallies". Sin embargo, hacer el viaje en la formación de MINI fue algo muy distinto. Según Hildebrand: "Conducir en un grupo produce una sensación increíble, porque todos te rodean zumbando como si fueran un enjambre de abejas".
Además, el hecho de que esos coches fueran producto de su propia cosecha, aún hacía que todo fuera más emocionante. A pesar de que Frank Stevenson, el anterior diseñador, trabajó en los trazos principales de la que sería la nueva versión del MINI del siglo XXI, Hildebrand ha sido el responsable del desarrollo del coche durante los últimos nueve años. El resultado ha sido para él extremadamente satisfactorio.
En palabras de Hildebrand: "Cuando ves lo que tu equipo y tú habéis logrado, vuelven los recuerdos de todos y cada uno de los detalles del proceso. Ver cómo se hace realidad es algo increíble. Te sientes feliz cuando ves algunos de los detalles por los que tanto luchaste como por ejemplo el color marrón chocolate o un determinado diseño de volante."
También estaba la personificación: "Casi todos los coches que circulaban por la carretera, tenían alguna particularidad ideada por sus propietarios", recuerda el diseñador. A Hildebrand no le gusta hablar de favoritos, pero hubo un par de modelos que no pudo evitar mencionar.
"Había un pequeño descapotable rojo diabólico con llantas cromadas brillantes de una chica de California. Lo cambió mucho, pero adoraba su coche", dijo. "Había otro muy elegante de color negro, negro y otra vez negro - tal y como lo haría un diseñador- y hubo otros propietarios que se decidieron por combinaciones de lo más atrevidas como pintar una especie de sombrero de rayas verdes a un coche de color gris."
"Debo reconocer que me encanta esta individualización del automóvil, porque cuando se trata con cariño un coche, se refleja el orgullo del propietario."
Hildebrand es igual de diplomático, aunque no menos entusiasta, cuando habla de su lugar predilecto en el trayecto del Oeste: "Aunque puede que San Francisco sea una ciudad oscura con mucha niebla, me encantan los distintos efectos que las luces provocan sobre los coches. A las afueras de Phoenix y Las Vegas, el paisaje está desierto y eso hace que los coches parezcan tan vivos. En cambio, aquí en Colorado hay más bosques frondosos como en los Alpes y eso me encanta."
Cuando cientos de MINIS invaden una carretera interestatal o un trayecto comarcal lleno de curvas, MINI toma los EE.UU se convierte en una especie de compañerismo en movimiento. Aún así, todos necesitan algo de tiempo para estar solos. Hildebrand aprovechó para descubrir por sí mismo las monumentales formaciones rocosas y la vegetación del Oeste de Colorado. "En Grand Junction tomamos la ruta alternativa. Desde allí, conduje solo para introducirme en un parque nacional y durante el trayecto me pilló una tormenta que duró una o dos horas. Fue una sensación muy romántica, ligeramente surreal, eso de estar en medio de una terrible tormenta, rodeado de esas rocas rojizas. Sólo tú y tu coche. Una sensación fantástica."
Por su puesto, el hecho de que tu coche sea un MINI ayuda. Y esa es la lección que Hildebrand transmitió a su equipo de diseño: Salir a la carretera y estar con gente que se toma en serio conducir, tiene que llevarnos a la fuerza a producir un diseño aún mejor. "El tiempo que he pasado con esa gente viendo cómo utilizan nuestro producto ha sido para mí algo que no tiene precio", dijo Hildebrand. Y añadió: "En una semana de viaje con ellos se puede aprender más que leyendo todos los estudios de marketing juntos, sean de la forma que sean."
Y para los conductores de MINI toma los EE.UU. que hasta ahora sólo veían sus coches como una extensión de su propia personalidad, puede que ahora miren con más atención en la parrilla del radiador y vean el reflejo de la gente, que como Hildebrand decía, luchó duro para conseguir esos detalles. Y si observan aún más atentamente, quizás vean el contorno difuminado de un alemán calvo con gafas, cuya sonrisa astuta los anima a seguir conduciendo. Sin detenerse.
por Jonathan Schultz
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